Ella lloraba, algo común, algo que hacía todo los días, o casi todos, pero la mayoría. Si fuera posible escuchar lo que ella pensaba, serían muchas preguntas, preguntas que creía eran mejor no ser dichas. Así todo estaba tranquilo, hasta cierto punto. Muchas veces, subían por su garganta gritos, gritos de tristeza o quizás rabia. Llegaba un instante en que se sentía tan estúpida, odiando sentirse de esa manera. Pero después respiraba y secaba sus lágrimas.

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